Si existe un enigma mayor a la creación, o a la razón de ser de la existencia humana, la interrogante más grande de la humanidad es aquella criatura que enloquece al hombre y lo reduce a lo más pequeño de su insignificante ser.
Encontrar un patrón de comportamiento sería como encontrar la constante de pi y para gracia o desgracia del hombre, la mujer es uno de los entes más entrópicos y caóticos del mundo.
La única base científica respecto de tan admirable ser, se limita a unos cuantos conocimientos biológicos y fisiológicos que se obtienen al encontrar las notables diferencias entre los sexos. Estos conocimientos permiten con suerte obtener una frecuencia que nos indica un estimado de cuándo sucede el "pic" caótico en el espécimen medido en meses lunares, pero no es posible estimar la magnitud ni la forma en que este sucederá, además, este estimado siempre es susceptible de variar por múltiples factores ambientales u otros.
Por otra parte, es casi imposible de obtener una muestra confiable y representativa del género, pues cada una es un mundo diferente, y por muy similares que sean dos unidades, la más mínima diferencia entre estas puede crear una reacción adversa entre ellas, de ahí que trabajar con muestras muy numerosas puede ser muy peligroso dado a su alto grado de explosividad al detectar una rival.
La complicación para la comprensión filosófico-social del género, comienza en ellas mismas, pues al preguntarle que quieren o necesitan, por muy convencidas que puedan parecer, no podrán dar una respuesta concreta o medible, puntualmente cuando se trata de temas cotidianos o al tratarse de situaciones sentimentales.
Otra de las dificultades con las que es posible tropezar, radica nuevamente en la individualidad de cada espécimen, pues los conocimientos adquiridos con una fémina difícilmente será aplicado a otra, por lo que si por algún motivo una relación termina, se deberá iniciar una nueva investigación. Además, si el sujeto de estudio deja de ser observado por un periodo moderadamente extenso, se puede notar un considerable cambio de conducta, y si se quiere reanudar la relación, también se deberá iniciar un estudio nuevo.
Fuera de ser una pérdida de tiempo, se pueden extraer una serie de conclusiones:
- Las mujeres, lo quieran o no, son diferentes, únicas y muy dificiles de entender y lo único que se puede hacer al respecto es tener mucha paciencia.
- Dadas las diferencias entre ellas, NUNCA LES CAMBIE EL NOMBRE. Si lo hace, aténgase a las consecuencias.
- Por su alta reactividad ante cualquier provocación, la mejor manera de no salir perjudicado ni dañado es literalmente "hacerse el tonto" y tratar de bajar el perfil a la situación. Si no funciona, aléjese y espere a que los niveles de agresividad hayan descendido.
- No se arriesgue a trabajar con dos o más a la vez, de hacerlo que no se den cuenta, si se enteran recurra al paso anterior o simplemente huya. Mejor simplemente no lo haga.
Fuera de todo lo anterior, el hombre SIEMPRE buscará estar junto a una mujer, aunque sea como amiga, pues ellas saben aplacar aquellos dolores que nadie puede, y ser una compañera fiel cuando se encuentra la adecuada. Como dice el Quijote "ellas son el alma de los hombres, el esplendor que ilumina su camino, una mujer es GLORIA".
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