La verdad no mucho ha cambiado, pero ese aroma que persives en el aire, ya no necesariamente intoxica y todo parece mas bonito.
Pareciera que se puede oir el ulular de las palomas entre el ruido de vehículos, que el cielo se ve mas azul y la cordillera mas blanca.
Después que lo has vivido, y que por tu pelo y piel ha corrido ese suave tacto purificador, cualquier mañana es mas bonita. El mundo parece ir mas lento y el solo aire te hace sonreír tras ese hermoso regalo de los dioses que entrega vitalidad a todo aquel que se le otorga y al llegar la noche las estrellas brillan mas, cual telón ha sido retirado para permitir la vista al escenario astral.
Pero esta satisfacción no es eterna, y pronto será necesario una nueva manifestación celestial, pues la ciudad y su frialdad reclaman su territorio dejando nuevamente el vacío y su ausencia, y prontamente extrañarás las frías caricias recorriendo desde tu pelo a tu espalda que apartan el sofocante calor del sol....
Y así, ansioso, aguardas la próxima lluvia mirando a lo lejos el horizonte a la espera de las nueves que prontamente volverán a purificar la ciudad.