martes, 30 de agosto de 2011

¡RÁPIDO! (Apurado).

En general soy una persona relajada, no suelo desesperarme ni tomar las cosas con desesperación. Eso, porque cada ves que me apuro algo me sucede, generalmente pierdo u olvido mis pertenencias en el transporte, resbalo en escaleras, algo... Pero por un detalle...

Por eso, el dia anterior al del suceso, me encargué de preparar todos los detalles, y dejar todo ordenado para no olvidar nada, y a pesar de acostarme tarde, (extrañamente) mi reloj interno me despertó a tiempo.
Tomo desayuno, ordeno y hago recuento de mis materiales.
¡DIABLOS!, ¡LO OLVIDÉ!, busco aquel importante implemento desesperadamente, dejando puertas y cajones abiertos por donde paso, despierto a todo el mundo en mi hogar haciendolos cómplices de mi búsqueda. El café del desayuno comienza a hacer efecto y empieso a desesperarme. "¿No puedes hacer tus cosas sin molestar al prógimo?, pregunta indignado mi hermano, negando conocer el paradero del artilugio. Mientras buscaba... ¡NOOO! En un descuido, mi mascota aprobecha una puerta olvidada y se cuela a la casa y de ahi a la calle. Debí correr un buen tramo para alcanzarla.
El tiempo corría y no hallaba el implemento. En último momento aparece en manos de mi padre, quien lo encontró en una caja que yo había pasado por alto.
Sin perder mas tiempo subo mis cosas al auto y partimos. Al poco andar, mi padre pregunta por mis llaves, a lo que contesto que se encuenran en mi mochila, al revisar... ¡NOOOOOOOOO! Es el colmo... Llamo a mi madre para que revise mi velador mientras mi papá fija curso de regreso a casa.
Al llegar, salgo del auto y al ponerme de pie... ¡MÁGIA! Las llaves aparecen en mi bolsillo... ¡HAAAAAAA! este dia no puede ser peor...
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jueves, 25 de agosto de 2011

El bicho raro (Desvarío).

Su cabeza llena de ideas no dejaba de dar vueltas...
Siempre pensando, siempre observando, siempre pendiente... de todo.
En las noches de insomnio, imaginaba Quijotes y dragones, el mundo real y el imaginario, problemas y soluciones. Todo venía a su cabeza en tan poco tiempo que no alcanzaba a procesarlo, muchas de esas ideas escapaban, no sin antes dejar un poco más loco al pobre hombre.
¿Será de verdad este mundo tan real?, ¿Será tan cruel?, ¿Serán de verdad santos los santos?, ¿Cómo poder arreglar esto y aquello?, ¿Cuán larga puedes extender tu vida?
A veces, sentía el poder de mover el mundo con un dedo y cambiarlo a voluntad, pero luego se sentía tan pequeño nuevamente, que simplemente se imaginaba diferentes escenarios en los cuales podría morir, de la manera más ridícula posible, solo para darle un toque de gracia a la vida, y ¿para qué luchar tanto por mantenerla si finalmente no saldrás vivo de ella?, como dice Petter Pan "La muerte, esa si sería una gran aventura".
El mundo, la luna, las estrellas y el universo daban vueltas a su alrededor, podía alcanzar cuanto quisiera solo con desearlo, pero al fin y al cabo no sería real. La monotonía lo invadía, la vida ya simplemente le parecía aburrida. No por depresión, siquiera por una pena, no encontraba motivo alguno para atentar contra su vida, nada más que por cambiar un poco la aburrida rutina, salir de lo “normal”
Se paseaba por los pasillos, llamando la atención del mundo, su extraño atuendo no cuadraba con la moda actual y constantemente era el centro de las bromas de un desquiciado mundo donde todos debían ser iguales, un mundo "normal". Y las chicas... a menudo coqueteaba con una y otra, sin más intensión que lograr una sonrisa de vuelta, aunque sea burlesca, pero siempre quedaba sin habla cuando aquella estaba frente a él, "lástima, no eres su tipo" se decía cada vez que notaba su esquiva mirada nuevamente lo evitaba. No, la que ocupara de nuevo su corazón debía ser especial y al parecer ella no era, aunque se negara a admitirlo. Pensaba, ¿qué atractivo podía tener un "bicho raro" para una chica como ella, u otra cualquiera? No buscaba más que alguien que entendiera su ser.
Su mente divagaba...su mundo era desgraciado, o mejor dicho "Sin gracia". Todo el mundo perdió la capacidad de asombro, todo el mundo consideraba que lo sabía todo, y aquello que no sabía no era importante saberlo, acostumbrados a que las cosas estuvieran echas y lo más rápido posible, acostumbrados a botar y olvidar todo aquello que les dejaba de ser útil, acostumbrados a que el mundo les sirva a antojo, “la doctrina (o cultura) de lo desechable” lo llamaba. Nada era suficiente para aquellos que lo rodeaban, finalmente existe un grupo de personas encargados de pensar por ellos, cómo facilitarles la vida por una módica suma de dinero, desde pañales que se suben solos para “facilitarles la vida a los padres”, hasta computadoras cada vez más sofisticadas diseñadas para hacer todo lo que necesitan sin moverse de su asiento, la gente ya no necesita pensar, tampoco quiere hacerlo, y cuando deben hacerlo inventan una enfermedad que evita que lo hagan… el estrés.
Pero él es el loco, aquel que busca lo sencillo, lo pequeño, lo amable, la gentileza de un saludo, la fuerza de un apretón de manos, el sonido del viento por sobre el de las maquinas, vestir lo primero que encontró en su ropero; y que generalmente antes fue de alguien más; de otra época quizás, el avance del reloj, el pensar cosas desquiciadas para variar, el caminar rápido, el caminar lento, el reír de cosas aburridas solo por reír, el salir un día despeinado, el valor de una caricia, el misterio de una mirada, la dulzura de un beso y la tibieza de una mujer.

martes, 23 de agosto de 2011

5:20 Horas, La rutina...

Suena el despertador como todas las mañanas, peleo con las sabanas para incorporarme, pero el sueño y el calor las hacen pesadas ante el frío invernal.

Logro ponerme en pié, tomo mi toalla y prendo el calefond y me baño.

Corro a mi pieza, me seco y visto rápido para evitar el frío, tomo desayuno y me largo.

Voy camino al trabajo en mi auto. Al llegar peleo con un guardia de seguridad nuevo, pues no me deja entrar al estacionamiento.

Solucionado el problema me dirijo a mi cubículo y me sumerjo en mi computador.

Durante el almuerzo se me derrama el café en los pantalones, suerte que siempre tengo uno de cambio en el auto después de aquél incidente en el baño.

nuevamente sumergido en mi computador hasta las 20:30 Horas.

Al llegar a mi casa había todo un contingente de carabineros, ¿que pasó?. En ese momento lo recordé.

Corrí al interior, un policía me detiene y le explico que soy el dueño de casa, intenta calmarme y explicarme la situación, pero yo corro a mi habitación y la encuentro ahí, tal como la dejé, con una forense analizándola.

Recordé el día anterior, discutimos porque me dijo que trabajaba demasiado y no la tomaba en cuenta. Yo le dije que exageraba como siempre, y la dejé llorando en el comedor de la casa mientras me iba a dormir.

El informe policial anunciaba que mi suegra la fue a ver y la encontró muerta en la cama.

El informe forense anunciaba sobredosis por depresión, y un embarazo de 2 semanas.

La almohada estaba empapada en lágrimas, murió durante la noche, entre las 03:00 y las 04:00 horas, yo como era de costumbre desperté a las 5:20 Horas. Ni siquiera me despedí de ella en la madrugada, debí haberla notado....

viernes, 19 de agosto de 2011

La Transformación

Bla… bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla...bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla...bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla... bla...bla... bla... bla... bla... bla... bla... 

Uff… veo salir las palabras de la boca del profesor, pero no logro comprender que es lo que dice. Intenta explicar en un lenguaje extraño como operar un problema matemático de “no sé qué” que se usa “no sé cuándo”, para obtener un “qué se yo”… ufff

El viejo reloj de pared, ubicado sobre el antiguo pizarrón de tiza, indica que faltan 20 minutos para terminar la hora de clases, y el lapidario segundero avanza más lento de lo que me gustaría.

Intento acomodar mi trasero en el viejo asiento confeccionado con una tabla dura y plana, cuyo respaldo es el pupitre de mi compañero de atrás, pero al estar anclado al piso es difícil encontrar una posición adecuada.

Algunos de mis compañeros toman raudos apuntes de la materia, sacudiendo las manos de vez en cuando para evitar los calambres, otros se envían mensajes lanzando papeles de lado a lado de la sala, entre murmullos casi imperceptibles, pero lo suficiente para evitar el desgastado oído del profesor.

De pronto, de su boca deja de salir voz, y se convierte en un rugido que asusta a mis compañero y los hace huir por la puerta que se cierra a la vez que las sala se convierte en una fría y húmeda cueva, cuyas mohosas murallas se cierran sobre mí. Los ojos del profesor se ponen rojos, uno de ellos desaparece dejando espacio para que el otro se ubique en medio de la cara mientras su piel se pone verde de furia y se pierde entre arrugas y verrugas de aspecto desagradable.

Frio de miedo, no atino a nada, cada vez que da un paso más hacia mí, se hace más grande, intento gritar pero de mi garganta solo sale un callado chillido, poco a poco se intensifica un murmullo que comienza como una leve risa, hasta una carcajada burlona generalizada me inmoviliza. El mounstrosor levanta su pesado maso de madera muy alto, y lentamente lo deja caer sobre mí, ya es tarde, no puedo hacer mucho más que cerrar los ojos y…………….. ¡PAF!

Una densa polvareda se levanta a mi alrededor, un regordete borrador cae a mis pies levantando aún más polvo, mi pelo y cara quedan cubiertos con tiza incluyendo la densa cascada de saliva que caía desde mi desfigurada boca al tiempo que mis compañeros hacían todo lo posible para no caer de sus asientos, apretándose el estómago por la risa. El profesor indica la puerta de la sala, señalando que ahora tengo un motivo más para ir a refrescarme la cara, sumando además mi suspensión del resto de la clase.




Arg……. ¿por qué a mi?...
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lunes, 15 de agosto de 2011

Vació el vacío (sin inspiración).

Y se sentó en su mesa junto a la ventana, a la luz de un rayo de sol de la tarde, a dar rienda suelta a su imaginación, a volar por lugares insospechados y sumergirse en las profundidades de un mar distante o un enorme volcán.
Pero... Su mente no volaba, miró cada uno de los objetos sobre su mesa y cada titulo de libros en sus estantes y no logró encontrar ese "que se yo" que debían tener sus obras.
Así pasaron los días en busca de un algo que fuera digno de plasmar en palabras, imaginó muchos temas que no terminaban de convencerlo, y a falta de una musa, a quien intentó también dedicarle unos párrafos, no logró hilar frase alguna que lograra contentarlo.
Imaginó el fin del mundo, la noticia del momento, aquella chica que le robaba el aliento y a quien dedicaba sonrisas, algún ideal o sueño utópico, pensamientos surrealistas y animales descabellados... Pero nada dejaba tranquilo su ánimo de escribir, no cualquier cosa, sino aquello que sentía.
Aquel sentimiento que te invade completamente y que hace que tus manos se deslicen sin problemas sobre un papel, un teclado, o una pantalla táctil, que no te deja dudas y que avanza rápido y casi sin retroceder mas que con las faltas de ortografía que a menudo te quitan tiempo antes de finiquitar tu obra.
¿Qué podría ser tan podría ser tan original,tan completo, tan único, que lo invadiera por completo para escribir?
El vacío lo invadía, no podía escribir nada pues le faltaba algo, esa chispa que enciende y ya no puedes parar hasta que vacías todo y se desocupa ese sentimiento, cual Motzart desocupa su mente de la música para dejar de oírla.
Tanto fue su vacío, que una noche al no poder dormir de la inquietud, tomó su móvil ya casi sin batería, y rogó que no se apagara hasta terminar su escrito, pues aunque parezca simpático o desquiciado, tomó su vacío, lo convirtió en palabras y lo vació para permitir la entrada a nuevos sueños, esperando al fin poder dormir, y pensar en otra cosa mas que no sea vacío.
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