Como debe ser, como nadie lo hace...
Así como en la cocina,
esperar a fuego lento que se junten los ingredientes necesarios para
lograr un sentimiento inolvidable, esperar tome ese toque de cariño y se
mezcle con el condimento de la confianza que solo se logra con el
tiempo y el conocer la receta.
Con todo esto de las comidas
instantáneas, el calentar en el momento y comer se ha perdido la magia
de la preparación, y nadie tiene la paciencia para descubrir.
Apurados,
no pueden esperar, buscan obtener los placeres y sabores lo más rápido
posible, impacientes para poder probar "de todo un poco" y comer "aunque
estén repletos" y de "varios platos a la vez", indiferentes a la
calidad del sabor casero. Y aunque el sabor no es malo, y es una opción
tentadora, el sabor de los sucedáneos nunca podrá superar a un bocado
de este delicioso manjar.
Encontrar a aquella persona que quiera
conocer los secretos de aquella receta, y buscar con mucho tacto las
proporciones de los diferentes ingredientes de tan deliciosa sensación.
Una mezcla de vainilla que suavice las emociones fuertes como la pasión; el toque
justo de azúcar rubia o miel, para que endulce lo justo y necesario la vida; el
sabor del chocolate que perturba los sentidos y lo convierte en una
adicción; un poco de levadura, que aumente las emociones un poco, el
clavo de olor y la nuez moscada que entrega ese sabor un tanto exótico.
El
saber revolverlo a mano con ambas manos, la de el y de ella, que
permita sentir el ritmo del movimiento e inhalar el aroma de los
ingredientes al mezclarse, encontrando errores y forzando a veces en
peleas por llevar el cucharón, pero al final darse cuenta que este se
mueve solo si se le permite, dejando que este comunique sentimientos de
verdad, con el calor que emana el roce de la piel, desprendido del motor
tecnológico, que aunque expedito no permite conocer las verdaderas
emociones, y esconde entre mil caretas los errores, cual salsa cubre las
amarguras de cualquier plato, exento de responsabilidades y culpas.
Pero
también hay que dar tiempo para que madure, repose, que los sabores se
junten homogéneamente sin que resalte ninguno, pero que tampoco se
escondan, solo aquel sabor especial, el ingrediente secreto quede
discretamente disimulado, y que nadie se entere cual es la amalgama que
une esos sabores que al observador cualquiera parecen diferentes, pero
para aquellos expertos, quienes conocen la fórmula, es la pieza
fundamental que logra que nadie pueda separarlos.
Aquel sabor que solo ellos pueden diferenciar.
Aquel que te deja una sensación, aun cuando ya ha terminado y te deja con ganas de probar más.
Aquel inolvidable y que nadie puede imitar.
Que pertenece solo a esa receta...
Solo a ese amor.

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