lunes, 28 de noviembre de 2011

A fuego lento...

Como debe ser, como nadie lo hace...
Así como en la cocina, esperar a fuego lento que se junten los ingredientes necesarios para lograr un sentimiento inolvidable, esperar tome ese toque de cariño y se mezcle con el condimento de la confianza que solo se logra con el tiempo y el conocer la receta.
Con todo esto de las comidas instantáneas, el calentar en el momento y comer se ha perdido la magia de la preparación, y nadie tiene la paciencia para descubrir.
Apurados, no pueden esperar, buscan obtener los placeres y sabores lo más rápido posible, impacientes para poder probar "de todo un poco" y comer "aunque estén repletos" y de "varios platos a la vez", indiferentes a la calidad del sabor casero. Y aunque el sabor no es malo, y es una opción tentadora, el sabor de los sucedáneos nunca podrá superar a un bocado de este delicioso manjar.
Encontrar a aquella persona que quiera conocer los secretos de aquella receta, y buscar con mucho tacto las proporciones de los diferentes ingredientes de tan deliciosa sensación. Una mezcla de vainilla que suavice las emociones fuertes como la pasión; el toque justo de azúcar rubia o miel, para que endulce lo justo y necesario la vida; el sabor del chocolate que perturba los sentidos y lo convierte en una adicción; un poco de levadura, que aumente las emociones un poco, el clavo de olor y la nuez moscada que entrega ese sabor un tanto exótico.
El saber revolverlo a mano con ambas manos, la de el y de ella, que permita sentir el ritmo del movimiento e inhalar el aroma de los ingredientes al mezclarse, encontrando errores y forzando a veces en peleas por llevar el cucharón, pero al final darse cuenta que este se mueve solo si se le permite, dejando que este comunique sentimientos de verdad, con el calor que emana el roce de la piel, desprendido del motor tecnológico, que aunque expedito no permite conocer las verdaderas emociones, y esconde entre mil caretas los errores, cual salsa cubre las amarguras de cualquier plato, exento de responsabilidades y culpas.
Pero también hay que dar tiempo para que madure, repose, que los sabores se junten homogéneamente sin que resalte ninguno, pero que tampoco se escondan, solo aquel sabor especial, el ingrediente secreto quede discretamente disimulado, y que nadie se entere cual es la amalgama que une esos sabores que al observador cualquiera parecen diferentes, pero para aquellos expertos, quienes conocen la fórmula, es la pieza fundamental que logra que nadie pueda separarlos.
Aquel sabor que solo ellos pueden diferenciar.
Aquel que te deja una sensación, aun cuando ya ha terminado y te deja con ganas de probar más.
Aquel inolvidable y que nadie puede imitar.
Que pertenece solo a esa receta...
Solo a ese amor.

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